El camión mide 20 metros de largo y no cabe.
Es el tipo de problema que los estudiantes de segundo año de ingenierÃa de construcción del campus de Norrköping de la Universidad de Linköping resuelven como los profesionales: en los planos. Su emplazamiento es real: Kvarteret Publiken 1, una promoción de 266 viviendas construida por NCC a poca distancia del campus, encajada entre un estadio de fútbol, un concurrido corredor viario y viviendas y escuelas cercanas. Hay que reconsiderar una ruta de entrega por la que circulan camiones pesados pasando por delante de las casas, las escuelas y el estadio de al lado. Y el radio de giro que señala el problema viene precargado en su software, a escala real, por el contratista que realmente construyó el lugar.
Este es el laboratorio de logÃstica de la construcción, la conclusión práctica de un curso introductorio que el grupo de Martin Rudberg lanzó en 2011 y un ejercicio que el profesor realiza en Bluebeam desde febrero de 2017. El software con el que trabajan los estudiantes es, por diseño, lo único en lo que apenas tienen que pensar.
«No tienen que centrarse en la herramienta», explica Rudberg. «Pueden centrarse en aprender logÃstica mediante la herramienta».

El problema de las 3000 fábricas
Rudberg ocupa un cargo que podrÃa ser único en su género: la cátedra dotada L. E. Lundberg de logÃstica y gestión de la construcción. PÃdele que defina el campo y comenzará con una advertencia. «La logÃstica de la construcción es la logÃstica empleada en la construcción, pero esa no es una buena respuesta», dice.
La mejor respuesta es lo que hace que la construcción sea diferente de casi todos los sectores que ha estudiado — y ha estudiado muchos. Formado en ingenierÃa industrial y gestión en Linköping, con un doctorado en economÃa de la producción, Rudberg dedicó el inicio de su carrera a problemas de planificación en los sectores de telecomunicaciones, comercio minorista y fabricación antes de que un nuevo centro de investigación le atrajera hacia la construcción en 2005. La diferencia, descubrió, es que una fábrica de coches se queda donde está. Un edificio se construye en el lugar en el que se utilizará.
«Se tiene que mover personas, materiales y maquinaria al lugar», dice. «Construimos fábricas temporales para producir lo que producimos. Pongamos por caso una de las grandes empresas de construcción escandinavas. PodrÃa tener 3000 proyectos en ejecución al mismo tiempo. Eso significa 3000 fábricas temporales y 3000 cadenas de suministro temporales. ¿Dónde se ha visto otro sector como este?».
También es donde se pierde el dinero y el grupo de Rudberg, que cuenta ahora con 13 investigadores en una unidad que la universidad considera lÃder en Suecia y Europa, lleva años cuantificando. En sus estudios, las entregas de la cadena de suministro llegan correctas en todos los aspectos (producto, cantidad, calidad, lugar, embalaje y documentación correctos) solo alrededor del 38 % de las veces. En la obra, apenas entre una quinta y una cuarta parte del tiempo de un trabajador genera valor. «Si hubiera sido fácil, ya se habrÃa hecho», afirma. «Me gustan los retos».
Ha tenido una libertad inusual para afrontar este. En 2009, una donación de la Fundación Lars Erik Lundberg para la Investigación y la Educación dotó su cátedra, financiándola durante 10 años inicialmente y otros 15 después, aproximadamente hasta 2034. «Nos dio la estabilidad necesaria para desarrollar algo», cuenta Rudberg. «PodrÃa ser a largo plazo. PodrÃa contratar a gente».

Un programa sin precedentes
Desde 2017, Rudberg dirigió un banco de pruebas nacional, The Connected Construction Site, que atrajo a más de 60 organizaciones: grandes contratistas como Skanska, NCC y Peab, empresas tecnológicas globales como Microsoft y Autodesk, y una larga lista de empresas emergentes, proveedores y empresas de logÃstica. El mensaje del sector fue aplastante. Los titulados no tenÃan suficientes conocimientos sobre digitalización, desde el internet de las cosas (IoT) y los gemelos digitales hasta, finalmente, la inteligencia artificial (IA).
Las universidades, admite, son parte del problema. «En la investigación podemos estar a la vanguardia», explica. «Sin embargo, la aplicación de los resultados de la investigación en el sistema educativo es lenta. Enseñamos flexibilidad y conciencia, pero no estamos tan dispuestos a ser flexibles nosotros mismos».
Linköping tenÃa una ventaja: ninguna tradición de construcción que defender. «La innovación es nuestra única tradición» es el lema del plan estratégico de la universidad, y encaja; el centro educativo es más conocido por las ciencias de la salud, la IA y por albergar el centro nacional de supercomputación de Suecia que por la construcción. El CEO de Nvidia, Jensen Huang, posee allà un doctorado honoris causa. AsÃ, cuando el sector solicitó titulados competentes en construcción digital, el centro pudo construir en lugar de renovar: un programa de máster de dos años en Construcción digitalizada, ahora en su quinta convocatoria, que abarca programación, IA, IoT y ciudades inteligentes.
Pero el impulso digital no se limita al plan de estudios del máster. Mucho antes de que existiera ese plan de estudios, Rudberg ya habÃa estado integrando herramientas digitales en su enseñanza y el ejemplo más claro es un curso obligatorio de segundo año de grado, donde utiliza Bluebeam Revu para enseñar logÃstica de la construcción.

Un proyecto real, tres planos conectados
El laboratorio Bluebeam llega al final del curso introductorio de logÃstica de la construcción de Rudberg, una vez que los estudiantes ya conocen la teorÃa. Después, en grupos de cuatro o cinco, planifican Kvarteret Publiken 1 en tres pasos conectados.
Primero: llevar todo a la obra. Los estudiantes planean cómo se moverán el material, la maquinaria y las personas desde los proveedores hasta el proyecto, verificando carreteras, puentes y el acceso de camiones. Segundo: planificar la obra en sà (zonas de almacenamiento, ubicación de grúas y montacargas, flujo de personas y materiales) en los planos reales del proyecto, importados en Bluebeam. Tercero: planificar los flujos logÃsticos dentro del edificio, planta por planta. Después viene la parte difÃcil: conseguir que los tres planos coincidan entre sÃ.
«La logÃstica no trata solo de mover materiales. Se trata de crear las condiciones para que la producción funcione correctamente».
Molly Lundgren
Ingeniera de producción
Skanska
El realismo está diseñado. NCC, una de las mayores empresas contratistas de Suecia, inaugura el laboratorio con una clase impartida por un ponente invitado (en la práctica, «asà es como hacemos todo lo que Martin acaba de enseñaros, pero con Bluebeam») y entrega a los estudiantes las plantillas y cajas de herramientas de la propia empresa, con las dimensiones del mundo real ya a escala. «Si el camión mide 20 metros, ¿cabe en la obra? «Obtienes eso automáticamente», dice Rudberg. Christian Gren, de Bluebeam, continúa con una breve indicación técnica. A partir de ahÃ, los estudiantes colaboran en Sesiones de Studio, trabajando en los mismos documentos desde cualquier lugar.
Y esa es aproximadamente toda la formación de software que se necesita. «Sinceramente, podrÃa hacerlo en papel o con otro software», afirma Rudberg. «Pero el tiempo de configuración para que los estudiantes empiecen a trabajar con Bluebeam es muy corto». Ese breve tiempo de configuración es la ventaja, no un defecto: es lo que permite dedicar la clase a la logÃstica, y no al software. A lo largo de los años que lleva en marcha el laboratorio, añadió, los estudiantes han hecho muy pocas preguntas sobre la herramienta en sÃ.
Rudberg ha probado alternativas, incluyendo algunas con interfaces 3D más llamativas. Según él, demostraron ser más difÃciles de entender cuanto más se ahondaba en ellas. Existe también una lógica de mercado: por la experiencia de Rudberg (él se cuida de señalar que no ha visto un estudio de mercado formal), Bluebeam es lo suficientemente común en Suecia como para que los estudiantes tengan más probabilidades de encontrarlo en el mundo laboral que cualquier otra herramienta. Una década de licencias que, simplemente, funcionan también ha contribuido a ello. «EnvÃo un correo electrónico a algún lugar de los Estados Unidos y funciona sin más», dice Rudberg. Las horas que no se pasan poniendo en marcha el laboratorio, añadió, se destinan a mejorar la propia tarea.
El curso termina con un seminario que es mitad crÃtica, mitad ajuste de cuentas. Rudberg muestra los planos de los grupos seleccionados, la clase compara los enfoques y luego él compara el trabajo de los estudiantes con la forma en que NCC finalmente gestionó la logÃstica en el proyecto real. La mayorÃa de las veces, los estudiantes salen bien parados. Se apresura a exculpar al contratista: el planificador responsable de ese trabajo, señala, fue uno de sus antiguos estudiantes. «Asà que la culpa es mÃa», afirma.

Del laboratorio al campo
Rudberg es el primero en admitir que no dispone de datos sobre la inserción laboral vinculados al laboratorio, pero lo que indican los titulados que regresan es coherente. «Recuerdan mucho más los laboratorios que mis clases teóricas», afirma. Algunos han llamado después de conseguir trabajo para contar que su nuevo empleador utiliza Bluebeam y que estaban contentos de haberlo utilizado ya. Otros acaban en una empresa que utiliza otra herramienta y la fluidez adquirida sigue siendo aplicable. «Si conoces un sistema, es más fácil aprender el segundo o el tercero», explica. «Se trata de entender el flujo de trabajo: qué pueden hacer los sistemas y qué no».
Sofia Jansson es un claro ejemplo. Ella hizo el curso en la primavera de 2024 y regresó al año siguiente como auxiliar docente. Lo que más le llamó la atención fue el seminario final, en el que la clase extendió sus planos de Bluebeam en paralelo y comparó los enfoques. «Fue fascinante ver cómo la misma tarea podÃa resolverse de tantas maneras diferentes», decÃa. Desarrollar el diseño de la obra a partir de los elementos de la caja de herramientas, añadió, le dio una idea real de la escala: cuánto espacio ocupa una grúa, un contenedor o una zona de acopio, y cómo eso modifica el aspecto general de toda la obra.
El realismo volvió a hacerse presente en el trabajo. Durante un puesto de verano, Jansson observó cómo un colega elaboraba planos de distribución de la obra, conocidos en Suecia como planos APD, y comprendió exactamente en qué consistÃa ese trabajo. «Al echar la vista atrás, me doy cuenta de que el trabajo que realizamos como estudiantes era de un nivel muy alto», explicaba, «y habrÃa sido más que suficiente para un proyecto del mundo real». Su consejo para cualquiera que esté planteándose hacer el programa es práctico: te encontrarás con estos planos en algún momento de tu carrera en la construcción y familiarizarse con una herramienta como Bluebeam mientras aún estás estudiando «puede ser una ventaja significativa al entrar en el mundo laboral».
«Al echar la vista atrás, me doy cuenta de que el trabajo que realizamos como estudiantes era de un nivel muy alto y habrÃa sido más que suficiente para un proyecto del mundo real».
Sofia Jansson
Auxiliar docente
Universidad de Linköping
Molly Lundgren hizo el mismo curso en la primavera de 2024, continuó hasta terminar el máster en Construcción digitalizada de Linköping y ahora es ingeniera de producción en Skanska, una de las contratistas que habÃan participado en el banco de pruebas de Rudberg. Lo que le llamó la atención del laboratorio fue lo poco que se parecÃa a una tarea tÃpica. «En lugar de limitarnos a tratar conceptos logÃsticos de forma teórica, tuvimos que aplicarlos directamente a un proyecto de construcción utilizando planos reales», afirmaba. Los conceptos encajaron, añadió, cuando la clase empezó a sopesar cómo las elecciones de diseño de la obra determinaban tanto la eficiencia como la seguridad. «La logÃstica no trata solo de mover materiales», según Lundgren. «Se trata de crear las condiciones para que la producción funcione correctamente».
A dÃa de hoy, en eso consiste su trabajo. Lundgren utiliza Bluebeam a diario en Skanska para revisar planos, obtener medidas que no aparecen en ellos, preparar instrucciones de trabajo y elaborar planos de logÃstica del sitio, los mismos planos APD con los que tuvo que practicar en el laboratorio. «Las tareas que ejecuto hoy son muy similares a los ejercicios con los que trabajamos durante el laboratorio de logÃstica de Bluebeam», explica. Como ya habÃa trabajado en los diseños de obras y flujos de materiales siendo estudiante, el entorno real le resultó familiar. Su consejo a los estudiantes se hace eco del diseño completo del laboratorio: una sólida introducción al software desde el principio, según explicó, le permitió «centrarse en resolver los desafÃos de logÃstica en lugar de dedicar todo nuestro tiempo a tratar de averiguar cómo funcionaba el software».

Construyendo el futuro
Casi una década después, el laboratorio sigue evolucionando y la parte que cambia es la enseñanza. La herramienta se mantiene estable. En las iteraciones recientes se han añadido cálculos de cantidades de materiales y más datos brutos del proyecto de NCC y el seminario de comparación se ha vuelto más interactivo, con grupos emparejados en pantallas adyacentes para comparar y fusionar planos. «Cuando cambiamos el rumbo, el software no ha supuesto un problema», dice Rudberg. «Puedo seguir desarrollando la tarea y confiar en que el software funcionará correctamente. Asà es como debe ser el software».
A continuación, quiere que Bluebeam tenga más presencia en más partes del plan de estudios. Hoy en dÃa aparece solo en esa asignatura obligatoria de segundo año; ampliarlo al máster y otros cursos de grado es un tema de debate activo, sin que se haya tomado ninguna decisión aún. Está defendiendo su postura ante sus compañeros y los responsables del plan de estudios, y el sector en general ya se está inclinando a favor. BEAst, el organismo sueco encargado de establecer los estándares de comercio electrónico para el sector de la construcción, ha desarrollado un método estandarizado de revisión de diseños basado en Bluebeam, utilizando las Sesiones de Studio y otras funciones de Revu para realizar revisiones estructuradas en las que participan varias partes, con estados de comentarios predefinidos, códigos de colores, aprobaciones y archivado. Su argumento es práctico: si ya tienen las licencias de estudiante, ¿por qué no aprovecharlas al máximo?
El consejo de Rudberg para los docentes de otros centros es todavÃa más sencillo y caracterÃsticamente generoso. «Llámenme», dice. Él tiene los materiales, la caja, un manual que está dispuesto a compartir. Pero el principio no cuesta nada: «Tomen un caso real. Trabajen con una buena empresa de software, trabajen con una empresa de construcción. Y, si es posible, lleven a los estudiantes a la obra que están planificando».
Porque ahà está la clave: la razón por la que un camión que no cabe enseña más de lo que cualquier clase podrÃa enseñar. «Cuanto más real es», dice Rudberg, «más aprenden los estudiantes».
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